La dislexia y el déficit de atención por hiperactividad (TDH/A) son los principales trastornos que, actualmente, se encuentran en niños o niñas dentro del aula. Un diagnóstico temprano y un tratamiento correcto ayudarán a un mejor desarrollo del niño o niña.

Los trastornos del aprendizaje en nuestra actualidad siguen siendo un foco de preocupación para las escuelas, padres y especialistas. Y precisamente, estos tres actores deberían funcionar como un protector para poder detectar a tiempo las dificultades en los niños o niñas. Una detección temprana y un diagnóstico preciso ayudarán a que el niño o niña pueda desarrollarse de manera plena a lo largo de su vida académica y emocional. 

La Fundación Adana define al trastorno del aprendizaje como “una dificultad inesperada, específica y persistente para la adquisición de un aprendizaje pese a una instrucción convencional, nivel de inteligencia y oportunidades socioculturales adecuadas. Estos trastornos se incluyen dentro de los trastornos del neurodesarrollo e interfieren en el aprendizaje de habilidades académicas y/o sociales y a menudo coexisten con problemas de conducta, de estado de ánimo y/o de ansiedad”.

Uno de los trastornos específicos del aprendizaje que más encontramos en las aulas de las escuelas es la dislexia. Esta se refiere a una dificultad que pueden tener los niños o niñas para adquirir la lectura. La Organización no gubernamental DISFAM (dislexia y familia) afirma que 1 de cada 10 niños o niñas en el mundo padece este trastorno.

En el 30% de los casos la dislexia se ve acompañada de trastornos atencionales con o sin hiperactividad, lo que provoca fallas en la comprensión y en la expresión oral. Y, muchas veces, a partir de estas asociaciones es que surgen los diagnósticos erróneos.

Otro de los trastornos que está presente con mayores casos en las aulas es el déficit atencional e hiperactividad (TDH/A). La Sociedad Argentina de Neurología Infantil (SANIA) explica que TDH/A es el nombre que se le da a un grupo de comportamientos que se caracterizan por la presencia de tres síntomas principales: distracción, impulsividad e hiperactividad. Para tener en cuenta, según SANIA, algunas de las características de los niños o niñas que pueden presentar este trastorno son: distraerse con facilidad, tener dificultades para esperar su turno o quedarse en fila, enojarse fácilmente, comenzar muchas actividades y encontrar dificultades para completarlas, reaccionar con rapidez sin pensar las consecuencias, a menudo perder sus pertenencias, hablar demasiado, aburrirse rápidamente, entre otras.

El tratamiento de este tipo de trastornos es multimodal, es decir que varias áreas intervienen. El tratamiento para mejorar la conducta, orientación a padres y a docentes, tratamiento farmacológico, si es necesario, son algunas de las medidas a tomar. 

Darse cuenta de los trastornos a edad temprana es de mucha ayuda tanto para el niño o niña como para su entorno. En conclusión, la evaluación y arribar a un diagnóstico adecuado es uno de los factores que garantiza la buena evolución del niño o niña.

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