• Los libros se organizaron en la biblioteca alfabéticamente por apellido del autor en un principio, después, crecieron pilitas en diferentes partes de la casa. Las pilitas crecen según su leal saber y entender, no tengo injerencia en sus desarrollos. 
  • Muchos libros pasan de estantes de la biblioteca a pilitas pero muy pocas veces de pilitas a estantes. Los libros viven según esa lógica y nada se puede hacer.
  • Mis libros tienen mi nombre, firma y fecha de adquisición en la primera página. Todo libro encontrado en las premisas y que no posea esa información es, por lo menos, sospechoso. 
  • Los libros que van al estante del baño deben tener textos cortos. Una novela no va al baño jamás. Un libro con entradas tipo Memorias del fuego de Galeano es óptimo para el baño. También pueden ir a ese cuarto los libros con dibujitos como la biografía de Frida Khalo.
  • Todo libro que sale como prestado es anotado detallada y celosamente en un papel que cuelga a la vista de todo el mundo. Quien los devuelve encontrará su nombre tachado con la leyenda: buen tipo/a. Quien no los devuelve encontrará su nombre atravesado por epítetos aquí irreproducibles.
  • Solamente mi madre no es alcanzada por la política escrache de quien no devuelve los libros. Ella no (siempre) los devuelve pero yo voy a su casa y los secuestro. 
  • Todo libro que ingresa como prestado va a un estante previsto para tal fin. Nunca se mezclan con los propios. 
  • Todo libro que ingresa como regalo va a un estante de lectura con prioridad (atendiendo a la noción: fue elegido por X para mí). La decisión entre empezar uno de ellos y uno que me compré yo es siempre una batalla intelectualmente sangrienta. 
  • Los libros en inglés cubren un par de estantes. Los libros en francés solo uno. Los libros en portugués medio estante. Hay un solo libro en alemán que no pude terminar de leer. Pensé que se debía sentir solo y lo sumé al grupo de los de inglés (por cuestiones de raíces lingüísticas) pero no estoy seguro de que haya sido muy bien recibido. 
  • Hay una bibliotequita para los diccionarios. Son muy numerosos para ir a estantes y muy prestigiosos para ir a pilas. Los de la RAE miran desde arriba recordando viejos tiempos de privilegios cuando todavía la web no los había convertido en obsoletos. El que acusa más uso es el de latín-español, el más enigmático es el de griego-español y el de italiano-español siempre me pareció muy chiquito. 
  • La biblioteca, en mi cabeza, siempre está por ser acomodada y reformada. Mientras tanto, cada pilita de libros sembrada por la casa encarna una sección del nuevo orden que habrá en la biblioteca. 

Hoy, por ejemplo, podría haber empezado con la reforma, ordenamiento y limpieza, pero preferí escribir sobre ellos primero y vemos cuándo nos ponemos con el trapito.

 

 

– Ariel Ingas

arielingas@hotmail.com

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